El fuerte viento al chocar contra los acantilados. Generaba unas columnas de aire ascendentes, a las que se arrojaban las aves para disfrutar de la sensación de flotar. Intentando mantenerse el máximo tiempo posible sin aleteos, para luego posarse en las rocas y esperar otra oportunidad para repetir. En las Islas Shetlands, Escocia. Inglaterra
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